WILLIAMS AGUADO: UN DOCTOR SECUESTRADO EN RAMO VERDE

marzo 17, 2019

Por Nasbly Kalinina

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“Despierta, despierta” Me suplicó la tenue voz hasta que por fin abrí los ojos, me sentía muy cansada con el estrés de no saber nada de mi familia por el apagón que llevaba más de cien horas en casi toda Venezuela, sin embargo, hice todo lo posible para vencer el sueño.

El señor me pidió que lo acompañara y con la premura me fui en piyamas. A los pocos segundos pude visualizar un edificio en la cima de una montaña, tendría como cinco pisos y estaba rodeado de muchas rejas. El cuerpo se me hizo muy pesado y una presión en el pecho me advirtió el dolor de las personas que se encontraban adentro, respiré hondo y llegué a la entrada custodiada por unos militares armados hasta los dientes.

Estaba muy oscuro así que logré entrar sin que nadie me viera. El señor, quien era mi guía, me llevó a una celda donde vi a un joven tirado en una colchoneta en el piso mientras unas cucarachas jugaban sobre sus pies sin que él lo notara, al acercarme, lo reconocí. Era Luis Alejandro Mogollón Velázquez y no pude controlar mis lágrimas, posé su cabeza en mis piernas con mucho cuidado recordando que le hacían falta los huesos craneales laterales, le acaricié su cara, le bese la frente y por primera vez entendí que me encontraba en Ramo Verde.

Al levantar la mirada me topé con los ojos del señor, quien se veía mucho mayor por las torturas y la poca higiene, se arrodilló a mi lado para poder consolarme mientras yo continuaba cuidando a Mogollón. Aquella escena duró horas en las que me sentí en la presencia de un hermano falleciendo y un padre protector quien a su vez también presentaba un cuadro de salud muy crítico al tener desprendido un riñón y un tímpano, sufrir de la tensión, entre otras patologías que se van presentando con la falta de atención médica y estar preso siendo inocente en un lugar tan horrible.

Cuando me sintió más tranquila me contó que su hija le había hablado de mi por lo que decidió mostrarme la realidad en que viven los presos políticos en Venezuela quienes además son vilmente maltratados. “Te gusta mostrarnos tu amor por medio de tus escritos, pues entonces ve y plasma nuestras historias hasta en las paredes si puedes, pero no permitas que nos olviden. ¡Por piedad, no lo permitas, no lo permitas!”

Con aquellos gritos verdaderamente me desperté en mi habitación a miles de kilómetros de Ramo Verde, agarré mi celular y busque la foto del doctor Aguado en la que carga a su nieta, la hija de Michelle, mi querida amiga. Vi la nueva notificación del Twitter en la que Alfredo Romero a pesar de las limitaciones ante aquel apagón seguía denunciando las violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela por lo que decidí seguir su ejemplo, ser otra luz en medio de la oscuridad y continuar prestando mis talentos al servicio de los más necesitados.

Tú también puedes ser parte de ese resplandor, anímate y aboguemos juntos por sus derechos. Aguado es apenas uno de los novecientos presos políticos y su caso es muy notable porque su único delito es ser el dueño del chalet donde fueron masacrados Oscar Pérez y sus compañeros a pesar de que había sido invadido un par de años antes de tales terribles hechos.

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TORTURAS A LOS PRESOS POLÍTICOS

febrero 24, 2019

Por Nasbly Kalinina
“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

Amanece un nuevo día y muchos de los presos políticos en Venezuela no lo sabrán hasta que llegue el guardia de turno a llamarlos por un número o tirarles el desayuno en el piso para que no se terminen de morir de hambre. Otros ya no saben cuánto tiempo llevan en aquel infierno en que siendo inocentes son expuestos a vivir con delincuentes de todo tipo como asesinos, violadores, estafadores, traficantes de droga…
Los relatos cada día son más aterradores, el corazón me brinca de espanto ante cada testimonio de torturas físicas y psicológicas a las que las víctimas son expuestas simplemente por desear vivir en una mejor Venezuela, salir a las calles a protestar o manifestar su descontento con las políticas impuestas por Nicolás Maduro y sus compañeros. A continuación resumo algunas de las historias que más me han perturbado:
La jueza María Lourdes Afiuni fue violada múltiples veces y al quedar embarazada la hicieron abortar a fuerzas de patadas.
Araminta González al enloquecerse ante tanto dolor causado en la cárcel fue enviada a un hospital psiquiátrico antes de que le dieran el “beneficio de casa por cárcel”. Cuando la entrevisté, ya recuperada con su familia en España, tuve que parar varias veces para no llorar ante los detalles de su cautiverio.
El General Raúl Baduel y el Capitán Juan Caguaripano así como tantos otros, se encuentran aislados en la Tumba, una cárcel con cinco pisos bajo tierra, temperaturas bajo cero y en donde todo es completamente blanco. Lorent Saleh, comentó en una oportunidad que allí la única forma de saber que se está vivo es haciéndose daño a sí mismo, sentir dolor o hasta ver el color de la propia sangre.
Antes de ser llevado a la Tumba al Capitán Caguaripano le hicieron fuertes descargas eléctricas y lo golpearon tanto que se le desprendieron ambos testículos.
Luis Alejandro Mogollón Velázquez, a pesar de que presenta un estado de salud muy delicado por haberse caído del carro en que lo detuvieron (no tiene los huesos craneales laterales, convulsiona, le dan vértigos, sufre de hipertensión arterial, presión en el cerebro, le dan dolores muy fuertes en la cervical, periodo de letargo, alopecia y tiene manchas en la cara) nunca le han realizado exámenes médicos y se le niega el traslado para el hospital para ser atendido debidamente.
Los doctores Alberto Marulanda y William Aguado quienes luego de haber pasado años salvando vidas hoy en día se encuentran en las oscuras celdas de Ramo Verde muriendo por enfermedades y dolores causados por los golpes recibidos y la insalubridad en aquel lugar en el que se les niegan hasta los medicamentos.
En fin, con el listado podría escribir un libro porque para la fecha hay casi mil personas presas siendo inocentes, sin importar si son ancianas, enfermas, discapacitadas, niños o niñas. Casi todos han sido objeto de tratos crueles e inhumanos, imputados con delitos no cometidos, amenazados con causarles daños físicos tanto a ellos como a sus familiares además de mantenerlos encerrados en lugares donde se les niega la comida, el baño y hasta una cama pues muchos han denunciado que les ha tocado dormir de pie en un hacinamiento.
El número de detenciones y represiones cada vez es mayor aunque varía cada semana por darse lo que llama el Dr. Romero “efecto de la puerta giratoria” en la que unos salen y otros entran. Por eso, hoy más que nunca debemos unirnos por aquellos quienes desde la oscuridad y frialdad de una celda nos piden ayuda para abogar hasta que logren la tan apreciada libertad porque su sufrimiento también lo viven sus familiares y cada una de las personas que vemos en ellos a un hermano o hermana más.
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ANTONIO JOSÉ GARBI GONZÁLEZ: EL INOCENTE DEL TOCUYITO

enero 27, 2019

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Por Nasbly Kalinina
“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

El 3 de enero Antonio José cumplió 28 años, la señora Carmen logró visitarlo el domingo siguiente, le llevó una torta y varios regalos que el joven agradeció infinitamente con un largo abrazo: “Gracias mamá, aunque no se hubiera molestado, sabe que para mí la mejor bendición es verla.” Al lado de su madre se sentía como un niño feliz y protegido.
Mientras siente el cuerpo de su hijo, Carmen lamenta que estuviera perdiendo los mejores años de su vida encerrado por seguir el ejemplo de sus antepasados al revelarse en contra de un régimen opresor. Sin duda, los Garbi pertenecen a una línea de patriotas, luchadores e intelectuales de nuestra nación. Su tatarabuelo, el General Giuseppe Garbi Milliani, murió acribillado por defender el gobierno de Andrade contra los soldados de Cipriano Castro; su bisabuelo, Don José Amadeo Garbi Galli, es el autor del himno del estado Apure; su abuelo, el Capitán José Amadeo Garbi Sánchez estuvo preso por levantarse en contra de Juan Vicente Gómez y su papá Antonio José Garbi Fernández está secuestrado desde el 2007.
Al intuir los pensamientos de Carmen, Antonio José la consoló recordándole que la justicia de Dios pronto llegará y que estarán juntos en libertad nuevamente. “Ya verá que las cosas van a cambiar, pero hay que tener paciencia y dar lo mejor de nosotros en cualquier parte en que nos encontremos. Mire, aquí estoy enseñando a leer y a escribir a muchos muchachos que no tuvieron la bendición de unos padres como ustedes. Ya varios aprendieron el abecedario y muchos otros leen sin ayuda. Así que levante el ánimo mi vieja amada porque usted es mi motor para aguantar este encierro”.
En prisión Antonio José logró crecer espiritualmente entregándose a la oración continua y aceptando los designios de Dios. El recuerdo de sus ancestros también lo animaban, sobre todo la de su papá a quien espera volver a ver con vida: “Tengo que salir de aquí y rescatarte”, se repite una y mil veces.
A Antonio José lo acusaron injustamente y sin pruebas de haber matado a un oficial de la Guardia Nacional, lo sacaron de su casa cuando estaba de reposo por un accidente laboral, lo privaron de libertad y lo expusieron tanto a él como a su madre al peor viacrucis de sus vidas mientras aún lloraban el secuestro de Antonio José Garbi Fernández. Por todo ello exigimos su libertad.

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PIMENTEL: UNA ESTRELLA EN EL CIELO

enero 6, 2019

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Por Nasbly Kalinina
“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II
José Alejandro Díaz Pimentel fue uno de los héroes asesinados junto a Oscar Pérez el pasado 15 de enero de 2018, unos amigos me pidieron honrar su memoria con un artículo y al conocer su historia se me oprime el corazón tanto por él como por toda su familia. Cierro los ojos, pido a Dios por su alma, pienso en sus hijos Jeandribet, José y Santiago y ruego para que al igual que su padre sean personas de bien hasta el último momento de sus vidas.
Pimentel, como le decían, nació en Caracas en el seno de una familia del ¨23 de Enero¨ y a pesar de que no conoció a su padre porque murió antes de que naciera creció con mucho amor de su mamá, sus abuelos y tíos, quienes hicieron de él un hombre de hogar, responsable, caballeroso y muy trabajador, es decir, el perfecto príncipe azul para cualquier joven soltera.
Sin duda, un hombre con aquellas características y además apuesto porque cuidaba su alimentación y hacía mucho ejercicio, no podía pasar desapercibido entre las chicas quienes desde temprana edad buscaban llamar su atención. Romántico y enamorado se casó por primera vez a los 19 años y tuvo a sus dos hijos mayores Jeandribet y José. Desafortunadamente, el amor no resistió el ritmo de su trabajo en el DISIP, hoy SEBIN, por lo que prefirieron divorciarse y quedar como buenos amigos por el bienestar de los niños quienes eran el motor de su vida.
Con el tiempo conoció a Dayana Santana, una hermosa joven abogada a quien conquistó con sus continuas invitaciones a comer, al cine, a la montaña y a la playa, sin omitir las tradicionales rosas; pues a pesar de su aspecto fuerte y serio, era en realidad muy tierno, detallista y amoroso por lo que en muy poco tiempo ambos andaban en una nube soñando uno con el otro hasta que inevitablemente llegó el matrimonio y posteriormente su mayor bendición: el pequeño Santiago quien estableció a la pareja en un pedestal de felicidad.
Felicidad que fue interrumpida con un mensaje en el que él le decía lo mucho que la amaba, que recordara enviarle las cosas a su familia porque saldría de comisión con el grupo de su trabajo y no sabía cuándo regresaría, lo cual la hizo llorar porque lo sintió como una despedida.
Días después de aquel mensaje, Dayana fue detenida por el SEBIN y mantenida presa en el Helicoide por aproximadamente 7 meses al ser relacionada directamente con Oscar Pérez. Salió en libertad el 9 de febrero de 2018, tres semanas después del asesinato del junquito. Al llegar a su apartamento descubrió que todo había sido destrozado al igual que sus sueños al lado del amor de su vida.
En su inocencia el pequeño Santiago pregunta si su padre es una estrella y ella mirando al cielo, con lágrimas en los ojos, le contesta que sí porque en ellas es que se transforman los héroes y desde lo lejos nos cuidan e iluminan el camino.
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Luis Alejandro Mogollón: El Mártir de Ramo Verde

diciembre 9, 2018

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Por Nasbly Kalinina
“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

No puedo dormir, el dolor que tengo en todo mi cuerpo es muy intenso, me he desmayado varias veces y la última vez fue cuando me trasladaron a los tribunales por falta de tratamiento. Intento entender por qué no termino de morirme en esta fría celda, es lo mejor que me podría pasar, algunos de mis compañeros han tratado de suicidarse mientras yo simplemente espero una muerte que no llega.
La cabeza me va a estallar, lo sé, esta presión que siento no es nada normal. Créanme porque a los cinco años tuve cáncer y ni esos malestares fueron tan agudos como el de ahora. La gente dice que con la caída que me llevé y los tres paros generales que me han dado sin haber recibido la atención adecuada es un milagro que siga vivo. Aquí hay muchos enfermos, entre las torturas y las condiciones en las que vivimos, es fácil que a cualquier persona se le deteriore la salud.
Me siento tan desesperado que lo único que me da calma son los recuerdos con mi familia allá en Barquisimeto tierra en que nací el 2 de octubre de 1986. Soy el segundo de los cuatro hijos del matrimonio Mogollón-Velázquez. La mayor murió de cáncer a los 12 años de edad y desde entonces me he sentido con la responsabilidad de darles un buen ejemplo a mis hermanos menores sobre todo para apoyar a mis padres quienes han sufrido tanto con nosotros.
Desde muy joven quise ser militar al igual que mi papá, mis tíos y mis primos, y luego de cuatro años de intentar entrar en la escuela por fin lo logré. Mi promoción fue la última que graduó el presidente Chávez. La mirada de orgullo de mis padres fue la mayor recompensa. Me mandaron a la frontera y recibí diferentes condecoraciones por lo bien que hice mi trabajo. Claro, había nacido para proteger a mis compatriotas y con mi uniforme lo estaba haciendo.
Aunque reconozco que nada me da más felicidad que estar con mi familia no solo terrenal si no también espiritual. Soy católico y cuando nací mis padres me llevaron al templo de Santa Rosa para presentarme ante la Divina Pastora mi otra madre y quizás la principal porque es a ella a quien veo todos los días a mi lado consolándome y dándome fuerzas como lo ha hecho desde que era un niño. De allí que todos los 14 de enero participaba en el maratón en su honor, le llevaba flores y junto a todos los demás feligreses le rezaba el rosario.
A pesar de ello, siempre he sido muy torpe en recitar oraciones largas por eso me limito a decirle en todo momento que la amo y me imagino también a mi mamá Luris quien me dio la vida y a quien le agradezco tanto. Mamá Luris, mi vieja, cuanto extraño su olor, su voz, sus cuidados. A su lado ya hubiera sanado.
Por cierto, creo que no me he presentado soy el Primer Teniente Luis Alejandro Mogollón Velázquez y desde hace más de un año formo parte de la larga lista de los presos políticos en mi país. Vivo en la cárcel de Ramo Verde por un delito que no cometí, me han torturado y aunque estoy enfermo de gravedad no me han otorgado una medida humanitaria para ser atendido en libertad.

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IVAN SIMONOVIS: UN HÉROE LLAMADO PRESO POLÍTICO

diciembre 2, 2018

Por Nasbly Kalinina

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“No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien” Juan Pablo II

Hace algunos años, creo que por allá en el 2005, leí en la Internet que una niña decía que su papá era un héroe llamado preso político, lo cual me pareció un poco exagerado e infantil, pues con seguridad, pensé, la pequeña Ivana Simonovis quien apenas tenía como 8 años de edad no sabía lo que estaba diciendo. Nunca voté por Chávez, nunca me gustó porque desde las intentonas le había agarrado miedo. Sabía que era un dictador en potencia pero era demasiado pronto para empezar a secuestrar a sus oponentes con bases legales manipuladas o inexistentes así que eso de preso político lo desestimé porque no estuve en Venezuela durante el paro petrolero ni en los acontecimientos del 11 de abril.
Leí al respecto, traté de entender pero viviendo mi sueño británico y estudiando inglés, un idioma que me costó mucho aprender pero que pronto olvidé, no me ocupé seriamente en los sucesos de mi país. Sabía que era cuestión de tiempo para que aquel gobierno se transformara en dictadura y no quería volver. No sé si por miedo o inmadurez, lo cierto, es que hay hechos que aún me cuentan trabajo comprender.
Así la figura de Simonovis y la de aquella niña que lloraba por su padre pasó a ser una más de las historias trágicas de mi país. ¿Y cómo no? Tuve que volver a Venezuela y a enfrentar mis propios problemas: la readaptación a una sociedad que luego de cuatro años me pareció que se había quedado en el pasado y un hogar destruido porque a mi madre le había dado un infarto y necesitaba de mucho cuidado cuando mi padre la había dejado.
Luego Chávez, en un día de los inocentes, amenazó con cerrar a RCTV por los hechos del 11 de abril, el apellido Simonovis y el del resto de los PM comenzaron a resurgir y yo seguía sin entender. Salí a las calles, me uní a las protestas y en adelante fui más activa en los eventos políticos como forma de drenar el miedo que tenía de morir ahogada en aquellas aguas cubanas que se acercaban como un Tsunami sin poderlo impedir.
Murió Chávez, las protestas se incrementaron, los muertos, heridos, torturados y el nombre de preso político tuvo como rostro principal a Leopoldo López al cual pronto se sumaron el de Ledezma, Ceballos, Saleh y cientos de otros más. Venezuela, había empezado a despertar y con ella, la mayoría de nosotros entendió lo que Simonovis y su familia llevaban años gritando sin desmayar: Los presos políticos son héroes que están tras las rejas por haber vencido sus miedos y haberse enfrentado al mal.
Hoy, que tengo menos tiempo, pero sí una gran pasión por conocer la verdad, he estudiado la vida de Simonovis plenamente, he entendido que es un hombre de principios y valores, un hombre de hogar que merece su libertad porque es inocente y ha pagado con creces el no haber sido un títere en las manos de quienes por alguna razón odian nuestra nación.
Lo que me ha llevado a sentir vergüenza de mí misma al preguntarme ¿Dónde estaba yo cuando pasó todo eso? Y aun peor, ¿Dónde están tantos venezolanos hoy en día en que las cifras de presos políticos, los perseguidos y exiliados son tan elevadas? Por qué no actué a tiempo, por qué no actuamos, por qué no alzamos juntos nuestras voces hasta que seamos escuchados.
Por más que quiera no puedo volver al pasado, no puedo consolar a Ivana, aquella niña que a pesar de haber crecido con tantos miedos y dudas se llenó de coraje para gritarle a un mundo de sordos que su padre había sido injustamente encarcelado y condenado a 30 años de prisión en el juicio más largo de la historia de un país secuestrado.
No puedo volver al pasado ni reanimarla cuando tanto ella como su papá Iván, su mamá Bony y toda su familia estaban viviendo un calvario sin nadie que les brindara una sonrisa o un cálido abrazo en medio de sus llantos; pero si unirme a ellos, al igual que todo aquel que así lo quiera y decir que también es Simonovis y luchar hasta que él y el resto de los presos políticos sean liberados.

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ARAMINTA: LA SOBREVIVIENTE DEL RÉGIMEN DE MADURO

septiembre 24, 2018

Por Nasbly Kalinina

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Hace un par de años recibí una historia aterradora por WhatsApp sobre una muchacha que se había ganado la lotería del régimen al ser, entre sus tantos desertores, capturada, enviada a la cárcel y posteriormente a un psiquiátrico. El autor de aquello, José Domingo Blanco, decía que si Andrés Eloy Blanco estuviera vivo le hubiera dedicado un poema lo cual no me queda la menor duda.
Nunca me imaginé que con el tiempo tendría el gusto de conocer a la protagonista de aquel relato que se hizo viral entre venezolanos dentro y fuera del país. Traté de tener guantes de seda a la hora de hablarle pues sabía que era un milagro que hubiera superado aquella pesadilla. Para mi tan poco era fácil tratar con alguien que de alguna manera me hacía revivir mis recuerdos más horribles. Sin embargo, me llené de fortaleza para escribir sobre ella.
De nuestras conversaciones aprendí que Araminta González es una joven caraqueña quien había perdido a sus padres a muy temprana edad, logró superarse con la ayuda de sus dos hermanas, ir a la universidad y destacarse en la química trabajando para importantes firmas de laboratorios farmacéuticos. Vivía cómodamente y disfrutaba de una relación amorosa con quien había sido su mejor amigo por muchos años, a pesar de ello, sabía que su realidad era opuesta a la de millones de venezolanos condenados a la miseria por un régimen opresor liderado por un tirano que dormía como un bebé.
Le gustaba subir al Ávila y un día en el año 2014 mientras disfrutaba de la imponente vista en la cima, respiró hondo, cerró los ojos y en su mente pudo escuchar los gritos de sus compatriotas desesperados porque no les alcanzaba el salario para comer, madres que se peleaban por un pote de leche luego de pasar días haciendo colas para comprarla a precio regulado, jóvenes asesinados por la delincuencia en un mar de impunidad. “Venezuela, mi Venezuela: ¿En qué momento el demonio se apoderó de ti?, ¿Acaso no hay nadie que pueda protegerte?” Se cuestionó a sí misma mientras las lágrimas mojaban sus mejillas y las siguientes preguntas venían de la nada: “¿Seré lo suficientemente valiente?, ¿Cómo pedirle a otros lo que yo misma no soy capaz de hacer?” La decisión ya estaba tomada. Araminta se uniría formalmente a la resistencia sin importar lo que le pasara. “El miedo no podrá detenerme, soy un instrumento de Dios y con su ayuda atravesaré cualquier desierto lleno de serpientes. Su amor será mi guía y la libertad de mi país mi razón para sobrevivir.” Sentenció sin tener idea de lo que le esperaba.
En julio de ese mismo año fue detenida y llevada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF) donde la golpearon y la torturaron tanto que la hicieron delatar a dos de sus compañeros Vasco Da Costa y José Luis Santamría. La culpa de la desgracia de sus amigos no la dejaba en paz. Día y noche lloraba por ellos. No tenía fuerzas para seguir viviendo con aquel remordimiento y menos en un hacinamiento en donde el agua potable era inexistente, los malos olores penetraban los pulmones hasta no sentirlos, las ratas paseaban como mascotas y el rígido adoctrinamiento comunista en el que se le obligaba a los presos políticos, a fuerzas de malos tratos, a gritar que amaban al difunto presidente hacedor de todo aquella podredumbre infernal.
Dos veces, su mente fracturada ante aquella infinita agonía, buscó en el suicidio la salida por lo que fue internada en un hospital psiquiátrico en el que convivió con enfermos mentales no medicados a quienes vio como un grupo de niños indefensos en comparación con los crueles guardines que la acompañaban sin tregua por haber sido señalada por el régimen como una terrorista. Así los días se transformaron en semanas y los meses en años hasta que un día como un milagro de Dios la enviaron a su casa para que terminara de curarse y pagara su condena.
Sus hermanas desde España nunca dejaron de velar por ella. Apenas supieron que había salido de aquel lugar se las ingeniaron para ayudarla a escapar y cuidarla en la madre patria. Desde allá sigue en terapias, tomando antidepresivos, denunciando al mundo entero su tragedia al tiempo que aboga por el resto de los presos políticos.
Para mí se ha convertido en una heroína al luchar no solo por nuestro país si no por haber dejado atrás aquellos demonios que la incitaron al suicidio. Una inspiración que merece un libro en el que se cuente su historia con detalle, una condecoración por su gran valentía y sobre todo el poder volver a una Venezuela libre con la satisfacción de que ella fue parte de esa valiosa conquista.
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